El Barri Vell concentra la carpintería más antigua de la ciudad: cabezas de viga embebidas en muros de piedra, entrevigados centenarios y marcos con siglos de servicio. Con el Onyar a pocos metros, la humedad remonta por los muros y mantiene blanda justo la madera que no se ve, la que apoya dentro del muro. Ahí el audiotermes marca la diferencia: escucha la actividad dentro de la pieza sin descubrir el forjado ni tocar un revoco.
Al otro lado del río, el Mercadal y l'Eixample mezclan fincas del XIX y del XX con edificios de posguerra: viguetas ocultas tras cielos rasos, parquet sobre solera y carpinterías originales. Es el escenario clásico del aviso tardío, porque el yeso tapa el daño hasta que un marco se deshace al tocarlo. En pisos así trabajamos con estaciones de cebo interiores, discretas y sin obra, que se revisan en visitas cortas.
En Sant Narcís, Palau o Montilivi, con las casas del grupo de Sant Narcís levantadas en los años cincuenta como caso de manual, la vía de entrada habitual es el jardín: traviesas, leñeras, vallados y cualquier madera en contacto con un terreno aluvial que guarda humedad todo el año. La barrera perimetral de portacebos corta el paso de la colonia antes de que llegue a la vivienda.