En el núcleo antiguo, el barrio pescador junto al puerto, dominan las casas entre medianeras con forjado de vigueta de madera apoyado sobre muro de piedra y tapia. La cabeza de la viga queda embebida en el muro, sin ventilación, y cuando el techo está enyesado el daño avanza años sin que se vea nada desde abajo. Es la construcción que más termita subterránea nos da del casco.
Hacia Riells y Montgó el parque es otro: apartamentos y segundas residencias de la expansión turística, muchos cerrados buena parte del año. Ahí apenas hay viga estructural de madera, pero sí carpintería, rodapiés y algún parquet, y una casa cerrada meses, sin ventilación y con humedad, es justo donde una colonia trabaja tranquila sin que nadie la vea hasta la temporada siguiente.
Y luego está el diseminado, las casas de campo hacia Camp Rabassa, Cinc Claus y Sant Martí d'Empúries, rodeadas de terreno y vegetación. Ahí el inmueble tiene el perímetro entero en contacto con el suelo, y aunque la tramuntana seque el ambiente en superficie, el subsuelo cercano al Montgrí y a los aiguamolls mantiene la humedad que la termita necesita para excavar desde el terreno hacia la madera.